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Seguimiento y control
La
aplicación de fungicidas en el monte está
totalmente desaconsejada. Pero lo que sí se ha de
tener en cuenta es el empleo de unas buenas prácticas
culturales, es decir unas actuaciones correctas
sobre la vegetación para conseguir que ésta no empeore
y con el tiempo, mejore paulatinamente su salud
y vigorosidad.
Una
de estas actuaciones es la eliminación de restos
vegetales, en los cuales se pueden desarrollar
los hongos, y que pueden trasladarse posteriormente
a los arboles vivos.
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Estas
prácticas tienen un coste relativamente bajo y simplemente
consiste en acostumbrar a los operarios a una gestión adecuada
del entorno para no favorecer la expansión de los problemas.
La Seca de las encinas
La
seca de la encina es un proceso no muy definido,
pese a que hay muchos estudios. Produce el debilitamiento
y muerte de las encinas, y cuya causa principal puede ser
una cantidad de especies de hongos unido a las condiciones
ambientales adversas para la vegetación.
El
grupo de trabajo nacional de forestales, parques y jardines,
despúes de multiples estudios, no tiene definido el orígen
del problema, y por tanto las actuaciones a desarrollar
para su control.
La
Conselleria de Medio Ambiente, debido a la problemática
en Menorca ha solicitado un estudio al IMEDEA para
dar soluciones concretas a lo que esta pasando en los encinares
y en concreto en las fincas forestales Es Gall, Es Bec Nou
y Font Redones afectadas de Menorca. Se ha elaborado un
informe de la situación, con los trabajos mas adecuados
para evitar la propagación de la enfermedad, donde se analiza
las posibles repercusiones que podría tener en los ecosistemas
forestales de encinares.
Los datos se pueden extrapolar a la situación de Mallorca.
La grafiosis del olmo (Ceratocystis
ulmi)
La
grafiosis ha matado millones de ejemplares de olmo en toda
Europa. Se trata de una enfermedad introducida en Europa
desde Asia durante la primera guerra mundial. El año 1921
se produje una gran mortalidad de olmos en Holanda y el
mismo año se descubrió el hongo asociado a la enfermedad.
Desde entonces la grafiosis se ha extendido.
En
décadas posteriores prácticamente desaparece y no cobra
importancia hasta la década de los sesenta, dónde reaparece
con especial virulencia, originando la muerte de millones
de árboles por toda Europa y Norteamérica.
En la Península Ibérica se produce el primer gran brote
a principios de los años 80, reduciendo drásticamente la
población de olmos.
Los
individuos afectados presentan a simple vista un aspecto
enfermizo, amarillento, con algunas ramas puntisecas y otras
con hojas marrones y encorvadas. En el interior de las ramas
aparecen unas líneas o manchas de color marrón negruzco
correspondientes a los vasos conductores afectados y obstruidos
por el hongo y sobre el tronco y la corteza, en la cara
de contacto entre ambos, se observa una especie de grabados
realizados por el insecto transmisor de la enfermedad.
Este
insecto es un pequeño coleóptero de tan sólo 4-6 mm, denominado
vulgarmente barrenador del olmo (Scolytus scolytus, Scolytus
kirchi y Scolytus multistriatus), que se instala sobre las
yemas más tiernas, las muerde y daña irreversiblemente.
La hembra pone los huevos entre la corteza y el tronco,
formando galerías. Tras pasar la etapa de pupa los insectos
adultos vuelan hacia otros árboles transportando las esporas
del hongo, infectando de este modo a otros ejemplares.
El
verdadero agente infeccioso es un hongo (Ceratocystis
ulmi), semiparásito, que segrega unas esporas tóxicas
causantes de la enfermedad. Se desarrolla en los vasos conductores
de la savia, ayudándose de su circulación para difundirse
por todo el árbol. Se producen dos efectos principales:
obstrucción de los vasos conductores y envenenamiento de
las hojas, debido al cual el árbol acaba muriéndose.

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